Por Alex Godoy-Faúndez
La Agencia Internacional de Energía estima que, con tecnologías disponibles, la electricidad podría cubrir de manera costo-efectiva el 33% del consumo final mundial en 2035, frente al 23% actual. La meta global del 35% discutida camino a la COP31 estaría, por tanto, al alcance.
Para Chile, electrificar no es solo una estrategia climática. También permite reducir la exposición a crisis internacionales de petróleo y gas, aprovechar recursos renovables propios y mejorar la competitividad. Pero reemplazar combustibles por electricidad sin preparar el sistema trasladaría el riesgo: desde la volatilidad del petróleo hacia redes congestionadas, falta de almacenamiento o suministro insuficiente.
La evidencia para Chile muestra que la integración de electricidad, transporte, calor e industria puede reducir costos y emisiones, especialmente cuando se combina con transmisión, flexibilidad y gestión inteligente de la demanda. La electromovilidad, además, puede complementar la generación solar si la carga se coordina adecuadamente.
La prioridad no debería ser electrificar cualquier consumo a cualquier precio, sino construir un sistema integrado: redes robustas, almacenamiento, tarifas flexibles y apoyo para que hogares y empresas enfrenten los costos iniciales. Electrificar bien es una política simultánea de seguridad energética, productividad y descarbonización.
Tema: Electrificación, seguridad energética y transición productiva.