Por Sebastián Diez y Zoё Fleming
Cada invierno, la contaminación atmosférica vuelve a ocupar titulares. Santiago vuelve a estar en el centro de la conversación pública por sus episodios críticos de calidad del aire, reabriendo el debate sobre sus principales fuentes, las medidas necesarias para reducir las emisiones y los desafíos que persisten para avanzar hacia una ciudad más limpia.
Sin embargo, detrás de esta discusión existe una pregunta que pocas veces abordamos: ¿qué tan completo es el diagnóstico que tenemos sobre el aire que respiramos?
Para enfrentar un problema ambiental, el primer paso es conocerlo. Necesitamos saber dónde ocurre, cómo se comporta y cuáles son los factores que influyen en su desarrollo. Pero la realidad es que aún existen territorios dentro de la Región Metropolitana y zonas rurales de todo Chile donde no contamos con suficiente información sobre la calidad del aire que respiran sus comunidades.
Cuando pensamos en contaminación atmosférica, solemos mirar hacia los puntos más visibles: el centro urbano, los sectores con mayor densidad vehicular o aquellos donde históricamente se han instalado estaciones de monitoreo. Sin embargo, la Región Metropolitana es un territorio diverso, con zonas urbanas, periurbanas y rurales, incluyendo sectores cordilleranos, donde las condiciones atmosféricas pueden cambiar significativamente.
La contaminación no se comporta igual en todos los lugares. Factores como la geografía, las condiciones meteorológicas, las actividades productivas, el transporte o las fuentes locales de emisión pueden generar diferencias importantes entre territorios. Por eso, contar con información representativa y distribuida es clave para comprender mejor el problema.
En la Unión Europea y Estados Unidos, el diseño de las redes considera explícitamente distintos objetivos de monitoreo: registrar las concentraciones más altas, representar la exposición de la población, evaluar el impacto de fuentes específicas y caracterizar los niveles de fondo y el transporte regional. Para ello se combinan estaciones urbanas, suburbanas y rurales, ubicadas de acuerdo con la escala y el propósito de cada medición.
Chile ha avanzado en ampliar y modernizar sus redes, pero históricamente gran parte del monitoreo ha respondido a necesidades regulatorias en ciudades y territorios con contaminación conocida. El desafío pendiente es complementar esa cobertura con mediciones sistemáticas en zonas periurbanas y rurales, además de incorporar sitios capaces de caracterizar niveles de fondo, gradientes territoriales y el transporte regional de los contaminantes.
El monitoreo ambiental cumple un rol fundamental porque permite transformar una percepción en evidencia. Los datos ayudan a identificar patrones, evaluar posibles fuentes, comprender causas y orientar decisiones públicas mejor fundamentadas. Pero también necesitamos avanzar hacia nuevas formas de medición capaces de complementar los sistemas existentes y llegar a sectores donde instalar infraestructura tradicional puede ser más complejo.
En este contexto, los sensores de bajo costo pueden aportar una mirada más amplia del territorio. Estos equipos no reemplazan las estaciones de referencia ni el monitoreo regulatorio, pero pueden ampliar considerablemente la cobertura y acercar la medición ambiental a lugares donde históricamente ha existido menos información, siempre que hayan sido evaluados, calibrados y operados con criterios transparentes de calidad.
En nuestras experiencias de monitoreo en escuelas, comunidades, sitios periurbanos y rutas de ciclistas, hemos comprobado que un promedio para toda la ciudad no siempre representa lo que ocurre en los lugares donde las personas estudian, trabajan o se desplazan. Abrir nuevos puntos de observación no solo agrega datos al mapa: también permite formular preguntas que antes ni siquiera podían plantearse. El desafío es transformar esas observaciones en información confiable, comparable y accesible.
Porque hablar de calidad del aire no es solamente hablar de contaminación. También es hablar de equidad territorial. Las personas que viven en zonas alejadas de los centros urbanos o donde existen menos mediciones también tienen derecho a conocer las condiciones ambientales de su entorno.
La ciencia tiene un rol clave en este desafío: no solo desarrollando nuevas herramientas, sino también generando conocimiento pertinente que permita tomar mejores decisiones. La información ambiental debe ser una base para construir políticas públicas más precisas, anticiparse a los problemas y responder de manera más efectiva a las necesidades de los territorios.
La pregunta que debemos hacernos como sociedad no es únicamente cómo reducimos la contaminación, sino también si estamos midiendo todo lo que necesitamos para entenderla.
El país necesita una estrategia explícita para identificar periódicamente las brechas de monitoreo y diversificar los objetivos de sus redes. Esto implica combinar estaciones regulatorias robustas con sitios de fondo, sensores evaluados, mediciones móviles, modelos y otras fuentes de información, bajo criterios públicos de calidad y acceso a los datos. Medir mejor no resuelve por sí solo la contaminación, pero permite decidir con mayor precisión dónde actuar, a quién proteger y cómo evaluar si las medidas están funcionando.
Líneas de Base Públicas (LBP) de la Región Metropolitana
Proyecto financiado por el Ministerio del Medio Ambiente que desarrolla sistemas de monitoreo para ampliar la información sobre calidad del aire y variables meteorológicas en distintos territorios de la Región Metropolitana.
Red de monitoreo ambiental instalada en establecimientos educacionales y comunidades de la Región de Valparaíso, que busca generar datos sobre calidad del aire y acercar esta información a los territorios.
Monitoreo de exposición individual en ciclistas urbanos de Santiago
Experiencia que utiliza sensores portátiles para medir material particulado fino (MP2.5) durante desplazamientos cotidianos, permitiendo conocer cómo varía la exposición a la contaminación dentro de la ciudad.
REDES+ (Red de Escuelas para el Monitoreo Ambiental de Santiago)
Proyecto colaborativo que instala sensores en establecimientos educacionales para estudiar la relación entre calidad del aire, variables ambientales y condiciones de aprendizaje en comunidades escolares.